Roma

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Película escrita, dirigida, coeditada y fotografiada por el mexicano Alfonso Cuarón (Y tu Mamá También, Harry Porter 3, Children of Men, Gravity) es una obra de arte de considerables proporciones y una apuesta valiente por varias razones. 

Roma fue filmada con cámaras de 65 mm que ofrecen una mayor fidelidad visual al espectador, si se le compara con la que ofrecen las cámaras de 35 mm. Dicha armonía visual se percibe desde la primera escena; en la cual se muestra el piso de un patio cortado por cuadros en posición romboide, cubierto por el irregular y minúsculo oleaje del agua jabonosa utilizada para lavar los desechos del Borras, el perro de la familia. El agua en su cadencioso vaivén, asume coloraciones argentadas, es un torrente de plata líquida que se convierte en espejo: refleja el cielo, refleja al mundo, refleja al avión que surca el cielo convertido en la metáfora del tiempo y los pasos ciegos con los que realiza su incesante caminar. 

Otro mérito de Roma es su alta capacidad narrativa. No hay diálogos largos ni complejos. Las cosas del corazón no se dicen, se sienten. Cuarón inserta en este drama diversos elementos indígenas, incluyendo conversaciones en mixteco, lo cual me parece un acierto sonoro y cultural, que se agrega a la apuesta visual de darle vida a Roma en blanco y negro. 

La valentía de Roma reside en el tratamiento de hechos que tienen que ver con la igualdad de los derechos de la mujer (www.semillas.org.mx), de las condiciones dignas laborales de las trabajadoras domésticas en México (www.caceh.org.mx) y en Estados Unidos (domesticworkers.org).

Por cierto, el título de la película se origina a partir del nombre de la zona en la que viven los protagonistas: la colonia Roma.

Roma, que se llevó el León de Oro, a la mejor película, este año en Venecia refleja una Ciudad de México situada en 1971, año del halconazo o del ataque rapaz del grupo de choque conocido como Halcones creado por los gobiernos priistas de Díaz Ordaz y Luis Echeverría. Los halcones son una de las muchas cartas de presentación de los gobiernos priistas de finales de los sesentas, los setentas y los ochentas y resulta históricamente significativo que Roma aluda de manera abierta a dicho evento que no deja de ser importante e hiriente en la historia mexicana del siglo XX. 

El meollo de Roma radica en el drama de dos mujeres, una indígena: Cleo (Yalitza Aparicio) y la otra una señora de clase media: Sofía (Marina de Tavira). Cuyos caminos se entrecruzan por causas laborales primero y, luego, por razones afectivas. El momento catártico de Roma aparece frente las olas imbatibles del mar. Sofía, sus cuatro hijos y Cleo se abrazan y ese abrazo se convierte en el símbolo del amor que se tienen y del apoyo que se procuran ante las adversidades físicas y emocionales que los aquejan. 

A propósito de símbolos, ¿es feminista que los dos personajes principales de esta cinta sean mujeres?

Roma también es un símbolo de la cultura (para no hablar de lo social y lo político, dos asuntos atroces), que vivimos este siglo XXI. Un mexicano realiza un filme semi-autobiográfico,  en blanco y negro, en formato de 65 mm, en español y mixteco, cuyo drama es recorrido realizado por dos mujeres. Méritos le sobran a Roma. 

Rolling Stone, The Wall Street Journal, Variety y Pepe Caudillo, entre otros, consideran a Roma un filme muy destacado y un acierto de Netflix.

Imagen: Netflix.

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